Recuerdos Pixeleados.
Encontré la computadora encendida y la cámara seguía conectada. Ya sólo me quedaba el recuerdo de mi amiga por las fotos que dejó, la última era de su rostro, tranquila y seria, Mona Lisa en VGA. Días después fui a su casa para preguntar si estaba bien. Como nadie respondía a la puerta, usé la llave que ella me había dado para emergencias
Antonia tomaba la última fotografía de la manifestación de maestros en el centro de Oaxaca, ésta no era de los maestros gritando con sus puños arriba o de sus pancartas exigiendo un aumento salarial sino la de un viejo descansando a la sombra de un ciprés con un sombrero blanco en las piernas y hablando por celular.
Se sentía orgullosa de ser fotoperiodista, el trabajo de sus sueños. La suerte la colocó en escuelas de renombre donde su talento fue notorio desde el principio. Incluso cuando era niña su acercamiento a la fotografía fue mas por costumbre que por gusto. Su padre tenía un estudio fotográfico a dos calles de distancia donde tomaba fotos para pasaportes, credenciales, quinceañeras y parejas recién casadas. En las tardes, después de la escuela, iba a su casa a comer y de ahí al estudio de su papá, donde lo acompañaba hasta las siete, cuando cerraban y se iban a la casa.
Sus primeras fotos fueron con la cámara para los retratos del estudio. El papá fue su primer modelo, las imágenes estaban sobreexpuestas o muy oscuras o desenfocadas, igual que su padre al que sólo veía en el trabajo, en los cumpleaños y en algunas fiestas familiares. Siempre que regresaban del estudio él se encerraba en su habitación a leer y a dibujar mientras ella salía a jugar con su hermano al patio o a tomar fotografías con las cámaras desechables que la mamá le regalaba cada que salía bien en la escuela.
Antonia trabajaba para un periódico local pero tenía cierta fama por su página web en la que no sólo subía las imágenes del periódico sino también las que capturaba con intenciones más artísticas y experimentales; ya tenía varias fotos publicadas en páginas de Internet y en publicaciones independientes de Europa Occidental y Sudamérica.
Recordaba a Fricho, el perro negro que tuvo de niña por una foto amarillenta en full shot, de frente, desde el patio de sus memorias Fricho era entonces un perro negro amarillento. Luís, su primer novio de la prepa era un close up de un ojo borroso detrás de unas gafas de pasta negra y cabellos lacios frente a la pared verde esmeralda de la escuela. La única foto que tenía de él y él único recuerdo del primer chico con el que tuvo sexo, pero en su primera vez se recordaba sobreexpuesta, vulnerable, el rostro de Luís cubierto por cabello hasta las mejillas le daba una aire oscuro.
Antonia vivía en un departamento acondicionado con todo lo necesario para su trabajo, no tenía novio, no le interesaba más que la fotografía y la fotografía ocupaba todo el día de todos sus días. Desde hacía un año había hecho la conversión de cámara réflex a digital, empezaba a editar su trabajo obteniendo resultados inesperados en la computadora. Comenzó entonces a digitalizar todo lo que veía, tenía miles de imágenes de su propia casa para no olvidar donde estaba la escalera, o el apagador del baño o el cesto donde dejaba las llaves por que si no la fotografiaba podía olvidar donde las había dejado. Llegó al punto de recordar una puesta de sol en distintas calidades, diez, ocho, cuatro punto cinco, tres punto dos, dos punto tres, uno punto seis Megapixeles y VGA.
El tamaño VGA en las fotos le intrigaba, era una definición muy baja, pero evocaba sus recuerdos. Cuando recordaba a Luís no veía las imperfecciones de su cara adolescente, no recordaba con exactitud los pelos cenizos de Fricho, ni siquiera pensaba en un gesto de la cara del papá, serio, siempre serio. El tamaño VGA y menores era justo como podían sentirse las cosas.
Ese último día Antonia empezó a ver todo en cuadros pequeños, pixeles. Cuadros mínimos de información gráfica donde los matices em piezan a perderse. El reloj de la pared estaba tan pixeleado que no se podía leer la hora en él. No pudo marcar el teléfono celular por que no entendía las teclas, miró por la ventana encontrando una sopa de cuadros. Buscó la cámara que estaba conectada todavía a la computadora y tomó una foto al suelo, en el monitor se distinguió la madera y su pié, sintió un leve cosquilleo y su pié desapareció, fotografió el otro y sintió el mismo cosquilleo, quedándose sin pies mientras los veía en el monitor.

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