De inmediato reconocí
cuando tu ojos perdieron
aquel brillo de confianza
que ya se extrañaba.
Nadie te volvió a ver igual,
te diste cuenta
mientras seguías sudando
pero ya no pudiste evitarlo.
Y quizá lo volverías a hacer:
Asesinar las pocas cosas que viven dentro de ti
por otro momento de descontrol.
domingo, 6 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario